feria Santa Caterina en Villarreal

Los comienzos de la feria de Sta. Catalina se remontan al siglo XIII, cuando el rey Jaime I la concede a Vila-real como un privilegio, tal como se cita a la Carta Puebla. Sólo pone como condición no hacerla coincidir con la feria de Castellón ni la de otras poblaciones del contorno de Borriana. La villa escoge el 21 de septiembre, festividad de San Mateo. Pero el 16 de septiembre de 1347 se acuerda cambiarla al 11 de noviembre, festividad de Sant Martín. Esta fecha acordada para el comienzo de la feria, muy adecuada por ser el período habitual en el que se producía la matanza de los cerdos y la elaboración de sus derivados y embutidos, explica que el momento de la finalización de la feria coincidiera con la fiesta litúrgica de santa Catalina, el día 25 de noviembre, hecho que acabó por dar nombre popular al acontecimiento ferial. En aquel tiempo la feria duraba unos quince días y era la única que tenía lugar en la ciudad a lo largo del año.
Acudían muchos mercaderes que hacían el viaje juntos para poder hacer frente al bandolerismo que en aquel tiempo había por los caminos.
La feria era un gran acontecimiento para los vecinos, que le esperaban para comprar las más diversas cosas que necesitaban: el labrador las herramientas y el animal para su trabajo; la mujer, peines, telas, utensilios de cocina, encajes; la joven, el ajuar y el aderezo para casarse; el niño, dulces y algún juguete.
Todos le esperaban con alegría, porque el Consejo organizaba fiestas y entretenimientos, lo cual hacía a que vinieran muchos forasteros y el ambiente era de gran fiesta.
Hasta el bandolero perseguido por la justicia podía pasar estos días al pueblo sin ser molestado, porque gozaba de franquicia (siempre que no delinquiera durante la feria)
El 31 de diciembre de 1730, al cabo de 456 años, el Consejo Municipal derogó esta feria del mes de noviembre, y la trasladó oficialmente a la fecha de la celebración de santo Pascual que en aquel momento era a comienzo del mes de septiembre y con una duración de ocho días.
De esta feria de invierno, originada al 1347, quedará solamente un residuo dominical, pero muy decaído en su contenido comercial dado que los gobernantes locales no solo le acortaron la duración, sino sobretodo las exenciones de los impuesto con los que estimulaban a los mercaderes que a la feria habían acudido durante siglos, aplicándolos a la nueva convocatoria y dejando aquella afectada solo al ámbito comarcal y centrada en la venta de productos alimentarios derivados de la matanza del cerdo, como las típicas longanizas, y los frutos secos. Ésta costumbre se mantiene aún y las longanizas para la fiesta de Santa Catalina se hacen más gruesas que de ordinario.
También proviene de este fiesta la costumbre de hacer de feria a los niños, es decir, los abuelos, los tíos, los padrinos, daban unos céntimos a los menudos que iban a visitarlos con esta finalidad para a que se gastaran en la feria.No será hasta la segunda mitad del siglo XX cuando esta sencilla feriecita de noviembre volverá a tomar un cierto aliento comercial, mitificada por la idea de responder a la antigua celebración medieval, cosa que en realidad donde se mantiene es a las fiestas pascualinas del mes de mayo.

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